lunes, 14 de enero de 2008

Las Chivas, la militarización y el autoritarismo

JORGE GÓMEZ NAREDO

El Grupo Sur, formado por intelectuales tan acreditados y destacados como Guillermo Almeyra, Armando Bartra o Gabriel Vargas Lozano, publicó ayer en La Jornada un comunicado intitulado “Alto a la tentación dictatorial”, donde esgrime argumentos sobre la posibilidad de un régimen autoritario bajo la égida de Felipe Calderón. No cabe duda que existe un proyecto planeado con bastante detenimiento para instalar una especie de dictadura disfrazada y justificada por la manipulación de los conceptos “democracia”, “derechos humanos” y “estado de derecho”.


En fechas recientes el poder civil se ha mezclado con las fuerzas marciales, con el Ejército. Los espots de televisión de la Presidencia muestran imágenes militares amalgamadas con la voz de Felipe Calderón y con un discurso autoritario encubierto en una supuesta “seguridad de todos los mexicanos”. Los operativos en contra del narcotráfico regalan cientos de imágenes a las televisoras para que sean exhibidas y repetidas hasta el hartazgo, dando el mensaje a todos los ciudadanos de la existente de un México con orden y control, donde cualquier desviación al pensamiento hegemónico será castigada.

El 3 de enero pasado, Felipe Calderón recibió en Los Pinos al conjunto campeón del balompié mexicano, las Chivas. En esa ocasión, Jorge Vergara (dueño del club) obsequió al panista una casaca del equipo que éste prontamente vistió: las fotografías del “presidente chiva” fueron difundidas hasta la saciedad, la imagen dio la vuelta a México y fue interpretada por muchos como un símbolo de unidad, pues el Rebaño Sagrado, uno de los equipos con mayor afición, tiene como una de sus características más celebradas el jugar solamente con deportistas nacionales, una especie de nacionalismo futbolero. El viernes pasado, ese mismo equipo acudió a una sesión fotográfica a la base militar La Mojonera, ubicada en el municipio de Zapopan. El espectáculo fue elocuente: los futbolistas subidos en una tanqueta, sonrientes, jugando con las metrallas y rodeados de efectivos de la Armada con rostros camuflajeados. La mezcla es interesante y preocupante: por un lado, el campeón del balompié mexicano (el deporte más socorrido por la población) y, por el otro, los militares.

¿Qué significa esta “extravagante” sesión fotográfica? Según Andrés Fábregas Puig, actual rector de la Universidad Intercultural de Chiapas y ex investigador de El Colegio de Jalisco, en su libro El rebaño sagrado: el futbol como integrador de identidades el equipo de las Chivas es un símbolo no solamente regional, sino nacional y, por ende, tiene la capacidad de integrar al ser mexicano (una especie de tequila pero en balompié). ¿Por qué Jorge Vergara (quien declaró el 10 de diciembre de 2006: “si se lo dedicamos [el título] a alguien sería al gobierno de México, que arranca como el Campeonísimo nuevo”) decidió utilizar todo el capital simbólico de las Chivas para unir los objetivos militares con los del conjunto deportivo? ¿Por qué los jugadores de uno de los equipos más populares del futbol mexicano aparecen en primera plana en la mayoría de los periódicos, montados en una tanqueta y mostrando disciplina cercana a la marcial? ¿Cuál es el mensaje? El significado es claro: el Ejército, Felipe Calderón y las Chivas son lo mismo, persiguen los mismos objetivos y, por ello, hay que apoyarlos. Los dirigentes del equipo así lo entienden; tal es el caso del ex presidente de la Coparmex Jalisco y actual director general de Chivas, Juan José Frangie, quien durante la sesión fotográfica declaró: “para nosotros es un honor que el Ejército nos haya dado la oportunidad de tomar la foto; tenemos cosas similares, como que somos puros mexicanos, nosotros ahora somos el mejor, el equipo campeón y el Ejército es la institución más digna de México”.

México poco a poco se militariza y se acostumbra (ya sea por la cercanía física o por la mediática) a la presencia marcial, se introduce, como lo mencionan los integrantes del Grupo Sur, a la “tentación dictatorial”. Felipe Calderón escogió el peor de los caminos para legitimarse: la fuerza y la intimidación. Con base en la mentira ha elaborado y montado un espectáculo donde los símbolos populares se mezclan con el castigo, la disciplina y la obediencia, escenas que siempre han estado apoyadas por buena parte de los medios de comunicación.

Esa es la apuesta de Calderón: el miedo, la intimidación, la mentira y la cotidianidad de la convivencia con el Ejército. Pero no ha funcionado, porque hay coraje, miseria, rencor, discriminación, pobreza y miles de ciudadanos que aguantan silenciosamente, que un día se cansarán del silencio y explotarán contra los responsables directos: Felipe Calderón, el PAN y todas las instituciones que no han podido contrarrestar, y sí ahondar, las diferencias sociales. Tenemos un polvorín llamado México que hace tic-tac, tic-tac.

jorge_naredo@yahoo.com

(La Jornada Jalisco, 14 de enero de 2007)

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